Es posible que esta frase la haya Ud. escuchado ya en otra parte, a propósito de la segunda vuelta electoral a realizarse el 17 de enero. Y seguramente la fuente es el comando del senador Frei. A título estrictamente personal – es decir, sin involucrar para nada a la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile – quiero argumentar que la frase es totalmente correcta: es imprescindible, por el bien de Chile, que el ganador sea Sebastián Piñera. Le voy a explicar por qué creo esto.
Para ser justos, lo que ofrece la candidatura Frei en su programa de gobierno no es desde ningún punto de vista disparatado, como para pensar que, si el senador es elegido presidente y se atiene a lo prometido, vaya a generarse un caos o desgobierno, o que el país vaya a sufrir alguna calamidad autoinducida. Hay un diagnóstico correcto, por ejemplo, al reconocer el gran déficit de productividad que presenta desde hace diez años nuestra economía y la necesidad que de ahí sigue en orden a mejorar la calidad de la educación (capacitación) y de incrementar sustancialmente la innovación. Pero muchas de las políticas propuestas no apuntan en la dirección correcta, posiblemente por razones ideológicas. Por ejemplo, se habla de fortalecer la educación pública en circunstancia que el objetivo de mejorar la calidad de la educación es mejor servido con un apoyo más decidido a la educación subvencionada en general, sea pública o privada, pues ambas están a cientos de kilómetros de distancia de la educación impartida en países a los que pretendemos parecernos, como Nueva Zelandia, Australia, o Irlanda. En cuanto a innovación, emprendimiento y crecimiento, la mayor novedad estriba en la transformación del Ministerio de Economía en un “Ministerio de Desarrollo”, bajo la premisa de que es necesario activar políticas de desarrollo sectorial. Lamentablemente, la experiencia internacional indica que tales políticas, en las que funcionarios públicos deciden qué sectores fomentar y cuáles no, terminan fracasando porque se alejan de los requerimientos que imponen los mercados, especialmente hoy en que éstos están globalizados.
El programa de Frei hace otras dos propuestas que son, a mi juicio, preocupantes de cara a las posibilidades de crecimiento y desarrollo del país. La primera es una reforma a la Constitución que pretende “sentar las bases de un Estado Social y Democrático de Derecho”, con el fin, entre otros, de proteger los derechos económicos, sociales y culturales. Hemos de suponer que son nuevos derechos, diferentes a los que consagra la actual Constitución, pero ¿cuáles? ¿Un derecho constitucional al empleo, por ejemplo? ¿O a una remuneración “justa”? Los economistas sabemos que es esencialmente voluntarista luchar contra las realidades de mercado en estas materias y que la mejor política es la de propiciar el incremento del capital humano de la gente si se quiere alta empleabilidad y remuneraciones más elevadas. Además, aunque no está en el programa, hay quienes desde la Concertación han planteado eliminar el concepto de Estado “subsidiario” de la Constitución, lo cual retrotrae el rol del Estado a la década de los cincuenta, permitiendo su participación en actividades productivas diversas, entre otras cosas.
La segunda propuesta es una reforma al Código del Trabajo. Uno de los planteamientos preocupantes es el de la instauración de un “diálogo estratégico permanente entre empresarios, trabajadores y Estado para concordar caminos…”. ¿Qué significa esto? Suena como a un modelo europeo centralizador de las relaciones laborales, que involucra al Estado como mediador, con un efecto potencialmente devastador en las PYMES. También se postula un nuevo régimen laboral para los empleados públicos, lo que entiendo supone otorgar a estos trabajadores derecho a huelga. Ello es un contrasentido con la inamovilidad de la que gozan los empleados del Estado y podría acarrear una caída importante en la calidad del servicio a los ciudadanos que prestan las entidades estatales.
En definitiva, hay un sesgo hacia “más Estado” – y tal vez “peor Estado” si se aplica mal. Las propuestas de Piñera, en cambio, fortalecen el rol subsidiario del Estado a través, por ejemplo, del aumento de la subvención escolar, del otorgamiento del “bono Auge” – que es una suerte de voucher para la atención de salud –, de la simplificación de los subsidios a la vivienda y de la implementación del Ingreso Ético Familiar (subsidio monetario sustancial a las familias de menores ingresos). En lugar de escoger sectores productivos a los que apoyar, el programa de Piñera se concentra en el fortalecimiento de las PYMES, del fomento a la innovación en general (en cualquier sector), de estimular la inversión privada sin importar qué sector la hace y de estimular la provisión de infraestructura de uso público. Y en materia laboral, las propuestas del candidato de la Coalición por el Cambio apuntan a facilitar la participación de mujeres y jóvenes, y a una negociación al interior de las empresas que comprenda diversos aspectos de la relación laboral, más allá del salario, como horarios, jornadas parciales y trabajo a distancia.
Finalmente, a las propuestas de Frei les pesa la historia reciente de despilfarros, políticas mal enfocadas y preeminencia de operadores políticos en la administración pública. En contraste, la candidatura de Piñera puede creíblemente comprometerse con una gestión de calidad avalada en la cultura de eficiencia que trae este candidato desde el sector privado. Aunque fuera solo por esto, no da lo mismo quien gane el 17 de enero.
Felipe, estoy totalmente de acuerdo contigo, sobretodo en el último párrafo. El gobierno de Piñera “sacudirá el árbol” en los mandos medios del gobierno, botando las manzanas podridas que minan la eficiencia del sector público (el responsable de que los edificios del poder judicial lleven 4 años de retraso o que el MOP no sea capaz de botar un puente, por poner 2 ejemplos patéticos). Frei no puede ofrecernos nada nuevo.
Efectivamente no da lo mismo. Cualquier persona con un interés real por su país entiende que no es posible seguir con más de lo mismo, o pensar que dejar todo en las mismas manos por que se ha hecho bien apunta a un pensamiento de comparación con lo peor y que no se está dispuesto a compararse con países desarrollados.
Lo que dices en la columna “No da lo mismo quien gane” es muy cierto toda vez que es importante mirar referentes como Australia, Irlanda o Nueva Zelandia, es decir, mirar hacia ese horizonte y mejorar nuestro sistema de educación como base de desarrollo. El país necesita esa visión dirigente
Tu artículo va al grano y efectivamente no da lo mismo quien gane, a pesar que ayer la vocera decía que había costado mucho ganar la democracía y que elegir al senador Frei nos garantizaría seguir en tal estado,(como que si se perdiera al elegir al señor Piñera) pero si tú lo observas más a fondo y si pudieras darte una vuelta por sectores más humildes donde pareciera que la actual adm.pública no practica la verdadera atención al pueblo, al ciudadano común y corriente, entonces seguir en un estado de estancamiento educacional, de salud, de atención a nivel de municipalidades, sería estancarse. Lo que hay que hacer, Felipe es gestionar, hacer bien las cosas y que cada uno de nosotros haga lo mejor en todos los aspectos, sino cuándo seremos desarrollados?
Amigos y Amigas:
Días atrás señalé y escribí que, las estadísticas son una ciencia. Dicho eso, si tomamos en cuenta la CEP, la CERC y las estadísticas de Radio Bio Bio, el 17 de enero los resultados serán:
Pinera = 51%,
Frei = 39% y
Nulos y blancos = 10%
Por lo tanto, señores directivos de la administración Pública, vamos preparando las actas de entrega, ya que el cambio ya viene.
Ahhhhhh, y a los auditores de dichas actas, a tener cuidado con la renovación de contratos a honorarios y cargos a contrata, ya que muchos de ellos podrían quedar “amarrados”, pero a no preocuparse la inmensa mayoría de los exelentes funcionarios público, ya que como ha dicho Sebastián Piñera, se trabajará con los mejores.
Armando
Ciertamente NO da lo mismo quien gobierne. Aqui algunas ideas para sacar adelante este pais, como no se ha hecho en 20 años y que la Concerta no se atreveria a hacer:
1) La sola idea de mantener el rigido modelo estatista centralizado ya es una camisa de fuerza para reformar o agilizar la solucion de problemas regionales sin esperar que “Santiago de una respuesta”. Para tal efecto, las intendencias y gobernaciones debieran desaparecer y el gobierno central estar representado por un seremi o equivalente, este ultimo un cargo electo. Esto daria agilidad, representatividad y descentralizacion efectiva.
Fomentar el emprendimiento reduciendo el papeleo y burocracia (hoy en dia, obtener la patente de alcoholes para un pub o restoran es un oscuro e inimaginable via crucis)
2) El Ministerio de Mineria deberia replantearse como superintendencia a pesar del rol de la mineria en Chile.
3) El Ministerio de Economia deberia replantearse como Ministerio de Desarrollo, Innovacion y Tecnologia.
4) el Ministerio de Educacion deberia atomizarse y dejar que las regiones sigan un programa educacional nacional definido por objetivos (Simce, PSU, etc) y no por “contenidos minimos” al igual que flexibilizar las subvenciones escolares y dejar a las minicipalidades como verdadero gestor de los colegios municipalizados.
5) remover la ley de inamobilidad de los empleados fiscales, jibarizar el aparato publico, profesionalizarlo, tecnocratizarlo y establecer remuneracion por desempeño (real y efectiva, no como el chiste de hoy)
6) liberar al Ministerio del Trabajo de la actual carga ideologica del gobierno de turno
7) Hacer de la Contraloria un organismo autonomo, tipo Banco Central al igual que reducir la eleccion de parlamentarios a solo un periodo.
9) Promover la libertad para emprender, innovar, educar, proporcionar servicios de salud y otros de manera efectiva
10) Hacer verdadera justicia con la delincuencia, raterio, reducidores, encubridores y complices que no aportan nada al progreso y tranquilidad ciudadana.
11) muchos mas otras medidas (pasando por un Codelco 49% estatal, 51% privado) pero por ahora es suficiente para empezar.