En los últimos años ha ido consolidándose en Chile un tipo de institución pública muy particular, el de los entes autónomos administrados por autoridades políticamente representativas. El ejemplo por antonomasia es el del Banco Central, cuya ley orgánica consagró su independencia en 1989 con el mandato por parte del legislador de abocarse a conseguir la estabilidad de precios, tarea escurridiza y aparentemente inalcanzable en un país marcado durante gran parte del siglo XX por una altísima inflación. Pero el nuevo Banco Central lo logró, en un plazo de diez años, adquiriendo por ello una gran reputación institucional.
Tal reputación no fue sólo a la institución misma, sino al arreglo institucional que permitió al Banco Central ser exitoso: autonomía a cargo de técnicos que den garantías a todos los sectores políticos. El primer Consejo del Banco Central, que es su órgano decisor y que está compuesto por cinco miembros, fue negociado en 1989 entre el saliente gobierno militar y el entrante gobierno de Patricio Alwyn, en un arreglo que consideró a dos técnicos simpatizantes del sector político entonces en el poder, a otros dos técnicos de las filas de la Concertación y a un presidente escogido de común acuerdo e independiente políticamente. Después que este último, el economista Andrés Bianchi, dejara su puesto en diciembre de 1991, el arreglo se alteró en orden a que tres de los consejeros debían ser cercanos a la coalición de turno en el gobierno y dos a los postulados de la oposición, reflejando de alguna manera la correlación de fuerzas de las dos grandes coaliciones que han dominado la escena política desde entonces.
Hubo por algún tiempo una postura contraria a este “cuoteo” político de los consejeros, señalándose que debían ser en vez cinco técnicos absolutamente neutrales desde una perspectiva política, escogidos por sus capacidades académicas en macroeconomía o finanzas. Sin embargo, la mayor parte del tiempo los consejeros seleccionados han combinado adecuadamente una buena formación técnica con simpatías políticas que conforman el arreglo institucional descrito. El propio éxito del Banco Central en abatir la inflación y en alcanzar las mejores prácticas en cuanto al manejo de sus políticas monetaria, cambiaria y financiera, incorporando altos grados de transparencia y capacidad técnica en su staff, ha validado el arreglo institucional. Además, la abierta representatividad política del Consejo ha quitado piso a las quejas contra la tecnocracia, habituales en estos casos.
El modelo institucional del Banco Central ha sido propuesto a una amplia gama de instituciones públicas relevantes. Se aplicó ya hace unos años a Televisión Nacional de Chile (TVN), dando garantía de pluralidad política en la línea editorial de ese canal y consiguiendo de paso su autofinanciamiento. Algunos han planteado que la Dirección del Trabajo, por su importancia en la aplicación de las leyes laborales y, en consecuencia, en el empleo, también debiera adquirir un arreglo institucional de autonomía bajo la tutela de un directorio políticamente representativo (y técnicamente capaz). Pero la dirigencia política se resiste hasta ahora.
En lo personal, y luego de una experiencia de casi cuatro años como decano que me ha permitido aquilatar el gobierno interno de la Universidad de Chile, estoy cada día más convencido de que las universidades estatales en nuestro país harían muy bien en moverse hacia el modelo Banco Central, aunque en una variante más cercana a TVN por la necesidad de generar recursos propios en un mercado competitivo. Pienso en la figura de un consejo o directorio, con un número impar de integrantes escogidos por el Presidente de la República y ratificados por el Senado, cuyo presidente sería el rector, el que preferentemente sería un profesor titular de la propia universidad. En este directorio debieran participar con derecho a voz representantes de los académicos, de los alumnos y del personal administrativo, para recoger parte de la tradición de las universidades estatales en Chile. El consejo de decanos se dedicaría a resolver cuestiones académicas derivadas de las decisiones del directorio, en tanto el senado universitario (en el caso de la Chile) desaparecería. El presupuesto de la universidad estatal tendría un componente basal similar al actual en monto, ajustándose año a año según el crecimiento promedio del gasto público. Pero el resto de los recursos tendrían que ser conseguidos por la propia universidad. Esto es así hoy, pero el modelo institucional propuesto ofrece una gestión mucho más ágil y dinámica, que facilitaría una mayor eficiencia en la consecución y uso de los recursos. De paso, garantiza a las universidades estatales su permanencia en el tiempo y disminuye la amenaza de que sean superadas por las universidades privadas.
Entes autónomos, representatividad política y universidades estatales (mi columna publicada en la Harvard Business Review en enero)
January 28th, 2010
Totalmente de acuerdo, ahora convencer a “los perros viejos” de esto lo veo muy dificil.
Me parece un enfoque acertado toda vez tambien incluir a la Contraloria como un ente autonomo haria de la administracion del Estado una gestion muchisimo mas tecnica y profesional, menos politica a la vez de flexibilizar y agilizar su gestion.
En cuanto a la obtencion de recursos de las universidades estatales, yo estimularia el desarrollo e integracion con la industria (local e internacional) para preparar y lanzar al mercado profesionales “aterrizados” y conectados al mundo real, tema que algunas universidades privadas de excelencia ya han aventajado a las tradicionales.
Hola profesor
tengo algunas dudas con respecto a su proyecto en la U
- La desaparicion del senado universitario, la eleccion del directorio por parte de las fuerzas politicas y el autofinanciamiento total propuesto a mi juicio restan el poder democratico que se ha conseguido a lo largo del periodo reciente y restarian a mi juicio autonomia a la Universidad, ya que el norte de la U es “chile y los problemas de su pueblo” que no siempre son los problemas del mercado
Con respecto a otros entes (incluida la idea de Piñera sobre el diario LA NACION), las apaçoyo totalmente, pues deben servir a las personas en el dia-a-dia, sin embargo la U tiene dos tareas, FORMAR PROFESIONALES Y DESARROLLAR CONOCIMIENTO, y en el segundo tema, sabemos que no es de corto plazo y que no puede depender de ningun sector (aunque sea uno tan imparcial como el mercado)
Felipe, creo que estás algo sesgado por haber sido decano de una excelente facultad. Sin embargo no toda la Chile podría sostenerse sola.
De seguro sabras que hay carreras que no existirían si no hubiese inyección de recursos desde casa central y el estado ¿Acaso esas carreras deben morir?
No todo debe ser competencia ni mercado competitivo, ni mucho menos pretender que así sea en una universidad que nació con el fin de educar, no de lucrar.
Tengo sentimientos encontrados con esta columna, por una parte comparto que la autonomía en la administración aporta agilidad y dinamismo, por otro lado creo que amenaza el espiritu mismo de la universidad, crear virtuosos ciudadanos y a la par profesionales de excelencia.
un abrazo.
Futuro ministro, le deseo la mejor de las suertes.. esperemos que no se deje engañar por la SCD.
Saludos!
http://www.tratojustoparatodos.cl
Estimado y si así Dios quiere futuro ministro, lo que me llama la atención de su artículo y por ende le hago la pregunta, es cuál sería el cambio a nivel universitario en cuanto al tema del financiamiento, puesto que actualmente me encuentro terminando mi carrera en Beauchef, y desde adentro uno puede ver que gran parte del financiamiento viene principalmente de las familias que tienen a sus hijos acá, y la otra viene de los proyectos de investigación que desarrollan tanto académicos como estudiantes financiados a través de concursos respectivos.
Usted plantea terminar con el senado universitario y que las decisiones quedarían a nivel del directorio de decanos elegido por el Presidente de la República. A mi modo de ver las cosas esto es prácticamente el comienzo de la privatización a rienda suelta de las universidades estatales, y como usted dice y lo paso a citar: “En este directorio debieran participar con derecho a voz representantes de los académicos, de los alumnos y del personal administrativo, para recoger parte de la tradición de las universidades estatales en Chile.”, por lo que solo cuenta la voz, no el voto.
Si me pudiera explicar más a fondo de qué se trata todo esto , que a mi parecer será como ver al futuro gobierno administrando a puerta cerrada el destino de la plata que se desembolsa para estudiar, que le recuerdo, en sus tiempos, era cero.
Esperando su respuesta, le saluda
Felipe Cordero O.
debí variar un poco “financiamiento” (y sus derivados).