Nos acaba de visitar en Chile –actividad que la Facultad de Economía y Negocios colaboró en desarrollar- el destacado profesor israelí, Robert Aumann, Premio Nobel de Economía 2005.
Aunque no es común tener a un Premio Nobel entre nosotros, menos aún lo es tener a dos, y afortunadamente eso es lo que pasó, pues hace sólo unos pocos días atrás, estuvo también en Chile Paul Krugman.
Les invito a explorar este evento notable y les dejo un link para descarga AQUI
El gobierno anunció hace unos días que proponía al país un proyecto de ley de presupuesto 2010 elaborado con el fin de apoyar la recuperación económica supuestamente en marcha. Un análisis somero de las cifras indica, sin embargo, que se trata más bien de un presupuesto innecesaria y peligrosamente contractivo.
No, no se equivoque. Esto no lo sostengo yo. Es más bien la frase que el senador Eduardo Frei utilizó majaderamente durante el pasado debate presidencial. Con esto quiso apelar al sentimiento del ciudadano común que observa, a nivel global, que el mundo casi colapsó el año pasado por una crisis financiera que mostró el lado oscuro de la codicia humana y la carencia de regulaciones adecuadas y reguladores eficaces. El mismo ciudadano común, a nivel local, ha sido bombardeado con noticias que dan cuenta también de fallas de mercado, verdaderas o aparentes, que las siente cerca, como por ejemplo la alegada colusión de las cadenas farmacéuticas o las mayores dificultades puestas por los bancos para otorgar créditos.
Hace un par de días se celebró en Chile al mismo tiempo que en el resto del planeta, la reunión de Corporate Leaders Group (CLG Chile) o Centro de Líderes Empresariales para el Cambio Climático.
En una desafiante columna reciente en el New York Times, Paul Krugman se pregunta retóricamente cómo pudieron equivocarse tanto los economistas, a propósito de la severa recesión que ha afectado al mundo desde el año pasado. Lo primero que llama la atención de la columna es su título. Pero no tanto por la aparente arrogancia de referirse a los economistas en tercera persona – Krugman es también parte de la tribu – porque el título original en inglés es más ambiguo en este sentido. Más bien el título es equívoco porque Krugman llama “economistas” a todos aquellos cultores de esta ciencia social que han abjurado de Keynes y el keynesianismo y que más bien creen en mercados que funcionan eficientemente sin mayores fricciones. Cuando habla de los que se han equivocado, menciona como ejemplos a Milton Friedman, Robert Lucas (ambos galardonados con el premio Nobel, igual que Krugman), Eugene Fama y John Cochrane, que tienen la particularidad de ser asociados a la escuela de economía de la Universidad de Chicago.
Ayer el Banco Central informó que el Imacec cayó 2,7% en julio pasado respecto de igual mes de 2008, pero que aumentó 0,4% en relación a junio (desestacionalizado), cifra positiva por tercer mes consecutivo. Así, cerraremos el año 2009 con una contracción cercana a 1,4%, pero con la actividad en alza. En un escenario probable, el crecimiento en 2010 se ubicará en torno a 3% (4% con suerte) y a 4,5% en 2011, muy cercano al promedio de expansión previsto para la economía mundial (medido a PPC), tal como ha sido el caso desde 2000. Dado lo anterior, de aquí a tres años más todavía habrá una enorme brecha entre el producto efectivo y el producto potencial, del orden de 6% del PIB.
Sólo para mantenerlos al día, voy a publicar mi respuesta a la “contrarrespuesta” que en su columna del domingo pasado, el economista y consultor esporádico del gobierno, Eduardo Engel escribió en contra del suscrito. Tanto su reacción, en dos columnas consecutivas, como la del subsecretario de OOPP, Sr. Saldivia, en cartas enviadas a otro matutino, responden a una frase que apareció en una columna mía hace más de un mes sobre cómo el Grupo Tantauco piensa abordar los desafíos de infraestructura.